Comida para la mente

Del apéndice del libro La brújula del zen.

Las Diez Puertas: «Comida para la mente»

Existen varias importantes colecciones de kong-an a disposición de los estudiantes zen. La escuela Rinzai ha escogido cien kong-ans, o «casos», para uso de los monjes zen. Es la colección que se conoce como la Recopilación del Acantilado Azul. La escuela Soto también utiliza cien casos. Esta colección recibe el nombre de Shoyo Roku. La colección de la escuela Rinzai es una selección muy compleja de kong-ans, mientras que la escuela Soto posee una colección muy sencilla. El maestro zen Un Mun eligió cuarenta y ocho kong-ans esenciales y les dio el nombre de Mumon Kan, que en ocasiones se traduce como «La puerta sin puerta» o «La barrera sin puerta». Todas las escuelas de zen utilizan dicha colección. Por último, la escuela Chogye de budismo coreano ha desarrollado una colección de mil setecientos kong-ans fundamentales. Todas estas colecciones de kong-ans, tomadas en su conjunto, pueden presentar un asombroso repertorio de kong-ans, que todo estudiante zen debe dominar. Por lo tanto, en la escuela Kwan Um de zen, hemos destilado la sabiduría de los kong-ans principales en Diez Puertas.

Las Diez Puertas constituyen una sucinta colección de diez kong-ans, que simbolizan los puntos principales de enseñanza o «estilos» contemplados por las principales colecciones de kong-an. Pasar cada una de las diez puertas equivale a pasar un nivel correspondiente de la práctica kong-an cubierto por cada una de las colecciones principales. Evidentemente, los estudiantes de este linaje no trabajan sólo en los kong-ans de las Diez Puertas. Sin embargo, si pasáis las diez puertas, comprenderéis la naturaleza de la práctica de kong-an. Si comprendéis lo que es un kong-an, comprendéis lo que es la práctica correcta. Pero la comprensión intelectual no es suficiente. No podemos percibir la sabiduría interior del kong-an meramente con el pensamiento conceptual. Debemos alcanzar los kong-ans. Es lo que queremos decir con «comprender».

Hay algunas personas que pueden pasar muchos kong-ans sin alcanzarlos. A esta capacidad la llamamos cognición seca. También existen algunas personas que, aunque pueden pasar ciertos kong-ans, siguen sin insistir a fondo en su práctica. Si no insistís, si constantemente os examináis y no digerís el significado de los kong-ans, el kong-an no se hace vuestro. Se trata únicamente de cognición seca. Por lo tanto, el kong-an debe proporcionar dirección a nuestra práctica. Esta dirección se denomina «no sé». Responder el kong-an no es suficiente: hay que hacerlo completamente, y entonces alcanzaremos la sabiduría del kong-an.

Pongamos que alguien os dice: «Si vas veinte kilómetros al sur, llegarás a una gran montaña cuya cima tiene forma de cabeza de águila. Sube por la cara sur y encontrarás un valle con un río. Subiendo dos kilómetros por el valle, hay una cueva. Dentro de la cueva, hay una olla que contiene oro. Si llegas hasta ahí, puedes hacerte con el oro». Debemos comprender estas direcciones. Debemos comprender dónde está el oro. Debemos comprender a qué altura está situado el oro. Pero no importa lo mucho que comprendamos este punto: si no caminamos hacia allí, no podremos conseguir el oro. Casi todo el mundo dice: «Sí, comprendo este oro. Veinte kilómetros al sur hay una montaña con la cima en forma de cabeza de águila. Esto lo entiendo. Si subo por la cara sur, podré encontrar un valle con un río. Lo comprendo. También comprendo que subiendo dos kilómetros por el valle hay una cueva, y dentro de la cueva hay una olla con oro. Todo esto lo entiendo muy bien». Sí, lo comprendemos, pero no vamos y cogemos el oro, no alcanzamos el oro. Sólo comprendemos la localización del oro. Comprender el dinero y tener realmente algo en nuestro bolsillo es completamente distinto ¿de acuerdo? Lo mismo reza para los kong-ans: solo comprender los kong-ans no puede sernos de ayuda. Mucha gente tiene buenas respuestas durante las entrevistas, pero su vida cotidiana no constituye una respuesta tan buena. El conductor del asiento de atrás siempre les controla. Cuando realmente alcanzamos el kong-an, sin embargo, el kong-an se convierte en nuestro.

Comprender los kong-ans no es tan maravilloso. Sean correctas o no nuestras respuestas a los kong-ans, no importa. La practica más importante es nuestra vida cotidiana. Si nuestra vida cotidiana es clara y correcta, de instante en instante, ningún kong-an constituye un gran problema. Éste es el punto. En algunos zendos, la práctica de kong-an se considera una experiencia muy especial. Es muy difícil casar este tipo de práctica con las situaciones reales de la vida cotidiana. Se les dice a los estudiantes que sólo sigan al kong-an Mu con fuerza, de un modo muy extraño. Cada día, acompañando cada uno de sus actos, simplemente hacen «¡Muuuuuuuuu!» Pero ¿cómo hace conectar mu nuestra mente anterior al pensamiento con la vida cotidiana en un mundo complejo? Este punto de enseñanza se clarifica en pocas ocasiones.

En la escuela Kwan Um de zen, la práctica tradicional de kong-an, tanto en Occidente como en Oriente, ha sufrido una revolución. El punto de la práctica de kong-an es mostrarnos cómo conectar nuestra mente no sé con la mente de cada día. ¿Cómo encuentra nuestra meditación en el cojín su función correcta, de instante en instante, para ayudar a los demás? Actualmente, este mundo cambia muy rápido y siempre aparecen situaciones nuevas en las que debemos funcionar de forma clara y meticulosa para ayudar a los demás. Si sólo nos aferramos a mu, nos apegamos a viejos comentarios poéticos y creamos cierta experiencia especial a partir de la práctica zen, perderemos nuestro camino. Si salimos a la calle llevando el «Muuuuuu», tal vez nos atropelle un coche, porque estamos apegados a la Mente Una. Sin embargo, nuestro estilo de kong-ans significa utilizar los kong-ans como práctica para percibir al instante nuestra situación correcta, nuestra relación correcta a dicha situación y nuestra función correcta con relación a dicha situación. Todos estos puntos —¡boom!— instantánea e intuitivamente se convierten en uno. Podemos entonces salvar a todos los seres. Esta es nuestra dirección correcta: utilizar la meditación espontáneamente, de instante en instante, únicamente para ayudar a los demás.

Otro aspecto importante de los kong-an, en el seno de esta tradición, es que todos contienen preguntas. Las preguntas proporcionan a los kong-an su dirección básica. Apuntan a la sabiduría de nuestra mente original y al modo en que funciona, en este preciso instante. La mayoría del resto de maestros que utilizan kong-an no proporcionan esta pregunta; el alumno no puede hallar su dirección mediante el kong-an. De resultas el kong-an no comunica con la vida cotidiana. No ayuda al estudiante a volverse independiente.

Otro nombre para las Diez Puertas es «Comida para la mente». Lo que significa que si estudiamos estos kong-ans, nuestra mente cuenta con suficiente comida. Cuando nuestra mente tiene suficiente, no aparece tanto deseo y pensamiento y nuestra mente permanece clara. Sólo de este modo puede funcionar con claridad, de instante en instante y de situación a situación, para ayudar a todos los seres.