Consejos de Jack London para escritores

Jack London tenía tantas razones como cualquiera en su generación para convertirse en un aburrido urbanita, en un momento en que los aventureros románticos eran ya una especie en extinción.

Escritor, periodista, activista social y, por encima de todo, aventurero del Oeste americano cuando éste había dejado de existir (él mismo había nacido en San Francisco después de la fiebre del oro, la última gran aventura colectiva hacia el Oeste, si se obvian las migraciones de la Gran Depresión desde el Medio Oeste hasta California), Jack London no se conformó con una existencia cómoda y buscó con ahínco su vocación: la escritura periodística y con eco autobiográfico.

Consejos de escritura de un aventurero-periodista-escritor: Jack London

Siguiendo la senda inconformista de aventurero del Oeste que también rodeaba a Mark Twain, el cual había contestado en una ocasión a un escritor primerizo demandando una carta de recomendación para ser publicado con una exhortación a la fuerza de voluntad individual y el amor propio, Jack London afirmaba que no él no tenía ni demandaba más mentor que él mismo.

En marzo de 2003, Jack London publicó un artículo en The Editor donde explicaba los pasos que, según su propia experiencia, cualquier principiante con vocación de escritor podía seguir para ser publicado.

London: «No garabatees una historia de seis mil palabras antes del desayuno. No escribas demasiado. Concentra tu esfuerzo en una historia, en lugar de disiparla en más de una docena. No te empaches e invita a la inspiración».

Jack London sobre la importancia de los hábitos

El autor de Colmillo Blanco y La llamada de lo salvaje aconseja a continuación repasar lo escrito y aligerarlo, para dejar lo esencial y aproximarse lo más posible al tuétano de lo que se cuenta: «Imponte un límite y comprueba qué haces a diario con ese objetivo; acumularás más palabras con criterio al final del año».

Jack London siguió su propio consejo y escribió un límite auto-impuesto de 1.000 palabras casi cada día de su vida adulta.

Prosigue con sus consejos: «Estudia los trucos de los escritores que lo han logrado. Ellos han dominado las herramientas con las que tú te estás cortando los dedos. Ellos hacen cosas, y su trabajo incluye la evidencia velada de cómo puede hacerse. No esperes a que algún buen samaritano te lo cuente, sino hazlo por ti mismo».

«Comprueba que tus poros están abiertos y tu digestión es buena. Esta es, estoy seguro, la regla más importante de todas».

Mantener un cuaderno (cajón de sastre de nuestro pensamiento-ocurrencias)

«Mantén un cuaderno –continúa Jack London en "Getting Into Print"»–. Viaja con él, come con él, duerme con él. Vierte en él cada pensamiento mundano que chisporrotee en tu cerebro. El papel barato es menos perecedero que la materia gris, y los surcos de un lápiz de plomo duran más que la memoria».

London finaliza con la parte fundamental de su receta, su metodología particular sobre cómo evitar el conformismo, la modorra y la posposición. A diferencia de los libros superventas que ofrecen consejos para hacerse rico (ese es el objetivo) trabajando lo mínimo posible, el autor de Colmillo Blanco anima a cualquier principiante a que trabaje lo más duro que pueda.

El resto de la receta de Jack London: tener una filosofía de vida

«Y trabaja. Deletréalo en mayúsculas. TRABAJA. TRABAJA todo el tiempo. Averigua cosas sobre esta Tierra, este Universo; esta fuerza y materia, y el espíritu que brilla a través de la fuerza y la materia desde la larva a la deidad. Y con todo esto quiero decir: TRABAJA para una filosofía de vida. No importa lo equivocada que pueda ser tu filosofía de vida, siempre y cuando tengas una y la uses bien».

El escritor nacido en San Francisco finaliza enumerando las –según él– tres grandes cosas: «BUENA SALUD; TRABAJO; y una FILOSOFÍA DE VIDA. Debiera añadir, no, hay que añadir una cuarta: SINCERIDAD. Sin ésta, las otras tres son en vano; con esto puedes aspirar a la grandeza y a sentarte con los gigantes».

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Pocas vidas han habido tan apasionantes como la del escritor Jack London, como constata nuestro libro Vida de Jack London. ¡Una auténtica delicia!

Fuente: faircompanies