Desarrollar una práctica diaria

Jack Kornfield sobre como incluir la meditación y la consciencia en tu rutina diaria.

Primero, selecciona un lugar adecuado para la meditación. Puede ser cualquier lugar donde puedas sentarte fácilmente con el mínimo de interrupciones: un rincón de tu cuarto o cualquier otro lugar tranquilo de la casa. Coloca un cojín de meditar o una silla allí para tu uso. Arregla lo que está alrededor para que te recuerde tu propósito meditativo, para que lo sientas como un espacio sagrado y en paz. Es posible que desees un altar simple con una flor o imagen sagrada, o colocar tus libros espirituales favoritos allí para momentos de lectura inspirada. Déjate disfrutar creando este espacio para ti mismo.

A continuación, escoge un programa regular para la práctica que se adapte a tu horario y temperamento. Si eres una persona de mañana, experimenta con una sesión antes del desayuno. Si la noche se adapta mejor a tu temperamento u horario, prueba esta primero. Comienza con sesiones de diez o veinte minutos cada vez. Más tarde puedes sentarte más rato o con mayor frecuencia. La meditación diaria puede llegar a ser como bañarse o cepillarse los dientes. Puede traer una limpieza y calma habitual a tu corazón y tu mente.

Encuentra una postura en la silla o cojín en la que puedas sentarte erguido fácilmente sin estar rígido. Deja que tu cuerpo se plante firmemente en la tierra, tus manos descansando relajadamente, el corazón abierto, los ojos suavemente cerrados. Al principio, siente tu cuerpo y consciencia suavizar cualquier tensión obvia. Deja de lado cualquier pensamiento o planes habituales. Lleva la atención a las sensaciones de tu respiración. Haz algunas respiraciones profundas para detectar donde puedes sentir el aliento más fácilmente, como frío o cosquilleo en la nariz o la garganta, como movimiento del pecho, o como subida y bajada del vientre. Luego deja que tu respiración sea natural. Siente las sensaciones de tu respiración natural con mucho cuidado y relájate en cada respiración a medida que la sientes, notando como las suaves sensaciones de la respiración van y vienen con el aliento.

Tras unas cuantas respiraciones tu mente probablemente se distraerá. Cuando lo notes, sin importar cuanto rato has estado ausente, simplemente vuelve a la siguiente respiración. Antes de regresar, puedes reconocer conscientemente dónde has ido con una palabra suave en el fondo de la mente, como «pensamiento», «distracción», «escuchar», «picar». Después de nombrar suave y silenciosamente dónde ha ido tu atención, con delicadeza e inmediatamente vuelve a sentir tu próxima respiración. Más tarde en tu meditación podrás trabajar conscientemente con todos los lugares a los que tu mente va, pero para un entrenamiento inicial, es mejor una palabra de reconocimiento y un simple retorno a la respiración. Mientras te sientas, deja a la respiración cambiar de ritmo con naturalidad, dejándola ser corta, larga, rápida, lenta, áspera o calmada. Cálmate relajándote en la respiración. Cuando la respiración se vuelva suave, deja que tu atención sea gentil y cuidadosa, tan suave como la respiración misma.

Como entrenar a un cachorro, suavemente traéte de vuelta una y mil veces. Tras semanas y meses de esta práctica aprenderás gradualmente a calmarte y centrarte usando la respiración. Habrá muchos ciclos en este proceso, días de tormenta alternándose con días despejados. Simplemente permanece con ello. Mientras lo haces, escuchando profundamente, encontrarás que la atención desarrollada con la respiración ayuda a conectar y tranquilizar todo tu cuerpo y mente.

Después de desarrollar algo de calma y habilidades, y conectar con tu respiración, puedes ampliar la consciencia de todos los fundamentos de la atención, abriendo completamente tu cuerpo y mente. Descubrirás como la consciencia de tu respiración puede servir como una base firme para la consciencia en todo lo que haces.

Jack Kornfield, autor de La sabiduría del corazón, Después del éxtasis, la colada y Camino con corazón.

Fuente: Mindful