El Barça gana su tercera liga consecutiva

¿Pero qué diferencia a un futbolista de primera clase del resto de los mortales? El dominio de cualquier deporte implica largas horas de afinar las habilidades motoras involucradas. A medida que practicas pateando el balón, estás re-cableando tus mapas corporales y sensoriales.

Una apología del lóbulo parietal

Para entender mejor como surge nuestro esquema corporal, nos puede ayudar saber un poquito más sobre el lóbulo parietal. Si colocamos la mano detrás de la cabeza y por encima de la oreja, el lóbulo parietal se encuentra bajo la mano. El sector posterior y superior de esta área, llamada corteza parietal posterior, está a rebosar de mapas de nuestro cuerpo y del espacio lo rodea. Al igual que el poderoso Misisipi, se encuentra en la confluencia de varios grandes tributarios. En el parietal posterior converge información muy procesada procedente de los principales sentidos –tacto, propiocepción, vista, oído y equilibrio–, además de un constante flujo de información sobre los movimientos y los planes de acción que llega desde los mapas motores frontales. Es probable que esta área, más que ninguna otra región del cerebro, constituya el centro de nuestro yo plasmado en el cuerpo. Aquí es donde «se unen» nuestro esquema corporal, nuestro sentido del equilibrio y nuestra sensación de unidad física. Las neuronas parietales no se preocupan de identificar las cosas en términos de nombres, identidades o significados. Se ocupan, más bien, de la composición del espacio y la relación del cuerpo con su entorno.

Muchos de los mapas de la corteza parietal posterior representan al cuerpo en diferentes sistemas de coordenadas o marcos de referencia. Algunos mapas «piensan» en coordenadas centradas en la cabeza y el cuello; otros se centran en el tronco; otros se centran en el brazo y el hombro; otros se centran en los ojos; algunos, en la mano; otros, en todo el cuerpo. Nuestro lóbulo parietal hace malabarismos con todos esos sistemas de coordenadas, mientras los mantiene estrechamente integrados con la actividad de los mapas motores, para crear la impresión de que nuestro cuerpo es un todo y tiene unidad de propósitos. Crea nuestra conciencia ininterrumpida (normalmente) de dónde estamos en el mundo y cómo nos relacionamos con él. Vale la pena enfatizar este último punto: nuestro mapa mental del mundo que nos rodea no está representado por áridas coordenadas x-y-z sin referencia, sino en términos de nuestra relación corporal con él.

Si ya es bastante asombroso saber que este sistema está en marcha cuando llevamos a cabo una acción tan banal como levantarnos del sofá y dirigirnos a la cocina para empezar a cenar, en la máxima plenitud de las habilidades y el talento humanos es aún más increíble. Imaginemos a Mia Hamm, la estrella del fútbol femenino, en mitad de una escaramuza. Se precipita hacia la portería del equipo contrario, tan solo unos metros más adelante. Corre mientras regatea con la pelota entre los pies. Está tan bien entrenada y tiene tal aptitud, que la pelota está en armonía con ella en su espacio peripersonal, tan integrada en su mandala corporal como sus propios pies. Conoce la posición y la velocidad de la pelota cada fracción de segundo. A su alrededor hay otras jugadoras corriendo en diferentes direcciones a diferentes velocidades. Algunas se acercan rápidamente. Lo siente en el instante en que penetran en su espacio peripersonal. Sus ojos barren el terreno. Su cabeza y su cuerpo giran y los órganos del equilibrio de cada uno de los oídos internos mandan información precisa del ángulo, la velocidad y la aceleración de su cabeza a su corteza vestibular, dónde inmediatamente queda integrada en su esquema corporal. Sus brazos se arquean y giran para mantenerla equilibrada. Sus piernas bailan. Sus pies sienten la textura de la hierba. Oye las pisadas y la respiración pesada de otras personas, así como la suya propia. En una fracción de segundo ve una oportunidad. En otra fracción de segundo se forma una intención motora en sus mapas corporales motor y parietal, y con un hábil chute la pelota sale disparada hacia su objetivo.

(Fragmento del libro El mandala del cuerpo, de Sandra y Matthew Blakeslee. Descárgate el capítulo completo).