El cazador cazado

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Durante siglos, si un hombre quería comer carne, iba al bosque y disparaba a uno o dos animales con su arco y sus flechas —¡piitchuu! Luego iba a casa y comía la carne con su familia. Este animal moría. Pero había algún tipo de relación entre el animal y la persona que lo mataba y lo comía. Su karma en cierto modo estaba claro. Cuando el animal moría, tal vez podía comprender algo lo que estaba pasando: «Oh, ¡Este hombre quiere comerme! ¡Tal vez en la próxima vida lo pille yo!» Por lo tanto, el karma era muy simple: era sólo entre este hombre y este animal. Podía resolverse entre ellos y finalmente volver al equilibrio mediante la simple operación de causa y efecto. En el siglo XX, sin embargo, la tecnología humana se ha desarrollado demasiado rápidamente. Se han creado armas sofisticadas, así como otras técnicas para matar un número cada vez mayor de animales. Cada día, millones y millones de animales se sacrifican de un modo mecánico y rutinario en todo el mundo para satisfacer las mentes-deseo de los seres humanos. Ahora una máquina puede matar a muchos, muchos, miles de animales de forma muy rápida. Un solo hombre aprieta un botón en una fábrica, tal vez muy alejado de los animales. Cuando dichos animales mueren, muchas consciencias se liberan de un modo repentino y violento de sus cuerpos agonizantes. Estas consciencias animales van entonces vagando, buscando un nuevo cuerpo. No entienden a dónde van.

Buda nos enseñó que todo proviene de una causa primaria, una condición y un resultado. Al matarse de este modo cada año tantos millones de animales, parte de su consciencia, inevitablemente, renace en forma de seres humanos. Tal vez solo el 0,00001 por ciento se convierte en ser humano, pero eso significa un montón de seres humanos que tienen algún tipo de conciencia animal operando en su seno. Si observamos hoy en día a los seres humanos, podemos comprobar que, aunque tal vez tengan rostros y cuerpos humanos, sus consciencias no son totalmente humanas. Algunas personas tienen consciencias de perro, algunas consciencias de gato. Otros tienen consciencia de conejo o de serpiente. Mentes de vaca, mentes de cerdo, mentes de pollo, mentes de león, mentes de tigre y mentes de serpiente se mezclan juntas. La mayoría de las personas tienen funcionando en su interior tal vez el cinco o diez por ciento de su naturaleza humana original, y el resto es alguna consciencia animal, que controla su mente. En lugar de poseer la capacidad humana original de amor, cooperación y compasión, la gente hoy en día únicamente pelea con los demás y con el mundo. No pueden colaborar correctamente con otros seres humanos.

Lo que no quiere decir que haya algo malo en los animales. Pero cuando observamos este mundo, vemos que los animales tienen la tendencia a actuar conjuntamente sólo con su propia especie, y no les gustan los demás animales. A las mentes de los perros les gustan las mentes de los perros; no actúan con mentes de gato. Serpientes, leones y conejos no se compenetran bien. Una consciencia de serpiente sólo hace caso a otras mentes de serpiente, y no produce ninguna acción compasiva que pueda comunicar con el sufrimiento que otro esté experimentando. A los pájaros tampoco les gustan otras especies de pájaros, por lo que forman grupos de sus propias especies y vuelan juntos en bandadas. Si alguien ataca a alguno de ellos, a menudo todo el grupo repele la agresión. Esta es la naturaleza de esta mente animal. La situación política del mundo actual es la misma. Hoy en día vivimos en un mundo lleno de pequeños países y grupos políticos y étnicos —muchos con ejércitos privados— luchando los unos contra los otros. Los niños se ven mezclados con armas y otras formas de violencia a edades cada vez más tempranas, haciendo cosas a otros seres humanos de las que no se había oído hablar hace sólo diez o veinte años.

Todo esto es fruto de que mucha consciencia animal domina sus mentes. Hoy en día, cada vez un mayor número de seres humanos son así. Tienen algún tipo de consciencia animal dentro de ellos, por lo que hay mucho más sufrimiento, puesto que no pueden relacionar su consciencia con la vida humana en un mundo cada vez más poblado. La mayoría de las personas sólo se preocupan por sus intereses. Cada vez hay más tendencia a la aparición de algún tipo de mente combativa. Sólo siguen sus ideas y opiniones particulares, sin que les importe lo que sucede a su alrededor. Algo está desequilibrado, por lo que el sufrimiento aparece de un modo natural.

Fragmento del libro La brújula del zen, del maestro zen Seung Sahn

Fuente: La Vanguardia