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Gonzo: biografía gráfica de Hunter S. Thompson

23/02/11 - Fuente: La Liebre de Marzo

Puedes leer una entrevista con los autores del comic aquí.

Miedo y asco en el cosmos:
Las vidas de Hunter S. Thompson

Cada vez echo más en falta una pluma del calibre .22 como la de Hunter S. Thompson, de las que tiraban a dar entre las cejas. En los tiempos que corren, sueño con artículos como: Un negrata en la Casa Blanca o Chorizos en Wall Street. Pero pronto despierto y me resigno al hecho de que han desaparecido personajes tan valientes e independientes como el rey del periodismo gonzo. ¿Qué podemos hacer cuando hasta la revista Rolling Stone, antiguo feudo de Thompson, se ha convertido en una suerte de Hola musical en la que se jalean los 40 Impresentables y se glorifica a viejas glorias que han pasado de cantar loas a los luchadores callejeros del underground a hacerlo en las puestas de largo de las hijas de mafiosos rusos o en los guateques de los ejecutivos de la banca y se ponen un traje de pingüino para recibir la Orden de Caballero de la Reina?

Este tipo de nostalgia es la que me ha llevado a releer parte de la obra del gran Hunter S. Thompson, acompañando esta lectura con dos visiones muy actuales y recientes del mítico e integro personaje. Por un lado la excelente biografía Outlaw Journalist: The Life and Times of Hunter S. Thompson de William McKeen, profesor de periodismo de la Universidad de Florida, gran conocedor de la obra de Thompson, que analiza en profundidad sus escritos, sin dejar de lado al personaje y su mítica leyenda. Aconsejaría como compañera de esta obra: Hunter S. Thompson: a Insider’s View of Deranged, Depraved, Drugged Out Brilliance de Jay Cowan, amigo y vecino de Thompson que explica jugosas anécdotas del irrepetible cronista y de los delirantes momentos que compartieron juntos.

El 20 de febrero del 2005 Hunter S. Thompson, que en vida nunca dejó que nadie dictara lo que tenía que hacer, decidió ser consecuente hasta el último minuto y eligió el momento en que quería abandonar el mundo, disparándose un certero tiro.

Su escritura siempre estuvo a la sombra del personaje. Incluso la gente que no lee libros lo conoce: el loco que tomaba un montón de drogas y cuya obra fue llevada al cine por Johnny Deep. Nadie olvida tampoco el impagable matrimonio de Thompson con Jann Wenner el editor de la revista Rolling Stone, alguien que, a su manera, lo comprendió y le dio el espacio necesario, y que convirtió dos de sus fracasadas entregas, una para Sports Illustrated y una para Rolling Stone, en dos obras maestras.

Hablando de su obra Thompson dijo: «Veo que poniendo las cosas por escrito, puedo entenderlas y verlas de un modo más objetivo. Considero que uno de los fines de escribir es mostrar las cosas (o la vida) tal como son y por lo tanto descubrir la verdad a partir del caos.»

Hunter S. Thompson está en la estela de los grandes escritores-periodistas americanos que va de Jack London a Hemingway, pasando por Scott Fitzgerald, Faulkner o Norman Mailer. Admiraba a estos escritores así como a Henry Miller o Aldous Huxley. Pertenece a una estirpe que, por desgracia, considero se ha extinguido, pero siempre hay esperanzas de que vuelva a renacer. 

Sus primeros tiempos como escritor fueron difíciles aunque se consolaba recordando que Hemingway sufrió ocho años de desaires antes de publicar su primer cuento y que Fitzgerald tenía empapelada su habitación con las 122 cartas de rechazo que coleccionó antes de vender su primer libro. Hunter calculaba que al ritmo de tres negativas por semana pronto alcanzaría al admirado autor del Gran Gatsby. Aún así tenía claro que iba a ser un escritor. A los veintiún años Thompson escribió: «voy a ser un escritor, no se si bueno o malo, o si podré mantenerme con la escritura, pero hasta que la parca me convierta en polvo y me diga no eres nada, seré un escritor.»

Pocos saben que Hunter S. Thompson llegó a trabajar de guarda, armado, del Esalen Institute en sus inicios, donde en una cabaña con vistas al Pacífico se dedicaba a escribir frenéticamente. Sus primeros trabajos periodísticos sobre contrabandistas de drogas en Sudamérica se incluyeron posteriormente, sin él pretenderlo, en el movimiento conocido como Nuevo Periodismo cuyas principales figuras eran Tom Wolf y Gay Talese. Nunca hizo ascos al periodismo que consideraba la forma de que alguien le pagara una educación continua. Los primeros reconocimientos no le llegaron hasta la publicación del libro sobre los Ángeles del Infierno, con los que convivió una temporada y al que ellos aceptaron por ser el primero que realmente los escuchó y, a su manera, los comprendió. Posteriormente Thompson sería clave a la hora de acercar a los Ángeles del Infierno a Ken Kesey, el autor de Alguien voló sobre el nido del cuco y creador de los míticos Acid Test. Un extraño matrimonio entre los hippies y la banda de forajidos motorizados. Entre la LSD y el Speed. Desde esa época Thompson siempre tuvo una pasión por las motos y escribió con entusiasmo sobre ellas en revistas deportivas.

Bajo mi punto de vista una de las facetas más interesantes de Hunter S. Thompson fue la de cronista ácido de las campañas para las elecciones presidenciales. Chicago en el año 68 le marcaría de por vida y le convirtió en un auténtico radical así como intensificó, si cabe, su odio a la autoridad. Llegó a decir que la campaña de Chicago «alteró permanentemente mi química cerebral.»

Se ha debatido mucho el porcentaje de verdad y ficción en la obra de Thompson. Hunter siempre creyó en la máxima de Faulkner de que los hechos y la realidad no siempre tenían mucho que ver. Hasta su muerte se consideró que había gran parte de ficción en la obra de Thompson y él nunca negó que era un escritor de ficción, pero oyendo los relatos de quienes le conocieron podemos llegar a la conclusión que el porcentaje de ficción fue menor del que se creía.

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Muchos opinan, con bastante acierto, que la obra maestra de Hunter S. Thompson es Miedo y asco en las Vegas. El consideraba que era su equivalente al Gran Gatsby y a The Sun Also Rises de Hemingway. Según mi punto de vista, la grandeza de la obra está en su elegía a la América de finales de los sesenta. Hunter decía que el libro era fruto de su inconsciente. No se le escapaba que entrábamos en otra época, la era de Nixon, su bestia negra. La obra constituía una mirada nostálgica a las promesas y esperanzas de los sesenta, cercenadas a mediados del sesenta y ocho en lugares como Chicago.

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En cierto modo la fama no casó bien con Hunter S. Thompson, empezó a beber más, si cabe, y a tomar más drogas para calmar el dolor. El personaje casi logró hacerse con la persona. Además poco a poco fue desapareciendo la prensa combativa. Esas revistas que cubrieron de forma tan brillante la lucha por los derechos civiles, que ayudaron a que acabara la Guerra del Vietnam, que mostraron lo diabólico y retorcido que era el gobierno, en los Papeles del Pentágono, y que consiguió derrumbar al hombre más poderosos del planeta con sus artículos sobre el Watergate. Empezó a surgir el tipo de prensa al que actualmente estamos acostumbrados sobre famoseo y otras gilipolleces, todo ello bajo el fondo sonoro, no de Bob Dylan sino de la música disco. El propio Hunter llegó a decir de la revista Rolling Stone, cuando la publicación se instaló en Nueva York, que «en California era una revista de forajidos, pero en New York se convirtió en una revista del establishment y nunca he podido trabajar bien con esta clase de tipejos.»

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Nunca dejó de escribir. Una típica jornada se iniciaba alrededor de las nueve de la noche, aunque nunca empezaba a escribir hasta las cinco o las seis de la mañana. Primero se dedicaba entretener a sus amigos, a pasear con su tronado descapotable, hacer bromas pesadas a los vecinos, despertando a los amigos con llamadas de larga distancia  a las tantas de la noche y escuchando música, su alimento espiritual, a todo volumen. Cuando todos sus compinches habían desaparecido se zambullía en la piscina interior de uno de sus amigos y vecinos, que por supuesto ya dormía, y se daba un largo baño. Se ponía su albornoz,  regresaba a Owl Farm, se sentaba tras su máquina de escribir, que a su muerte legó a Bob Dylan, y se ponía a teclear con furia y pasión. Tal vez no era un régimen muy apropiado para alguien de su edad, pero Hunter nunca admitía que se estaba volviendo viejo. Seguía viviendo como si tuviera veintidós años.

Sin embargo se sentía incómodo como héroe, aunque fuera de la contracultura, y seguía creyendo que su prosa era de primera, pero no se le respetaba con la debida consideración. Hasta al final mantuvo su feroz anarquismo y siempre considero que el individuo debía controlar su propio destino. Algo que cumplió a rajatabla al poner punto final a su ajetreada y creativa vida con su pistola del calibre .45.

Amigos, escritores periodistas y admiradores llenaron el papel impreso y el ciberespacio con loas a Hunter S. Thompson, la mayoría recordando Miedo y asco en las Vegas como epitafio de los sesenta y sus rotas esperanzas. Siempre quiso ser conocido por su ficción, pero en última instancia el periodismo se convirtió en su literatura. Al final, su vida épica se convirtió en su mejor novela.

Artículo aparecido en el número 148 de la Revista Cañamo.

Comentarios

1 Msolmo - 28/04/13 a las 20:41:55

Excelente perfil del Dr. Thompson. Muchísimas gracias.

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