Karma: ¿destino o libertad?

Extracto de la edición de otoño de 2013 de la revista Buddhadharma.

Muchas enseñanzas budistas parecen bastante modernas en su énfasis en cosas tales como la impermanencia e interdependencia (evolución, ecología), insustancialidad (física), y los engaños del lenguaje (la filosofía). Sin embargo, lo mismo no puede decirse del karma, que apunta a una ley moral inexorable integrada en el cosmos. Esto no quiere decir que la doctrina del karma deba ser desestimada o ignorada, pero sí nos anima a interrogar esas enseñanzas y preguntaros, ¿qué significa el karma para nosotros hoy?

Hay al menos dos problemas con la forma en que el karma ha sido a menudo entendido. Aunque las primeras enseñanzas son bastante claras con que los laicos pueden alcanzar la iluminación, el principal papel espiritual de los budistas laicos, sobre todo en las sociedades no occidentales, ha sido el apoyo a la sangha monástica. De esta manera los no-monásticos ganan «mérito», y por la acumulación de méritos pueden esperar alcanzar un renacimiento más favorable. Este enfoque mercantiliza el karma en una forma de «materialismo espiritual».

El karma también se ha utilizado para racionalizar el sexismo, el racismo, las castas, la opresión económica, la discapacidad congénita, y casi todo lo demás. Si hay una relación de causa-efecto inevitable entre las acciones de uno y su destino, la justicia social ya está integrada en la estructura moral del universo. Así que ¿por qué molestarse con luchar contra la injusticia?

Por estas razones, el karma es una de las cuestiones más importantes para el budismo moderno. ¿Es una doctrina fatalista o una que nos potencia? Ese es el foco de la conversación que sigue.

El karma y renacimiento ya estaban ampliamente aceptados en la India pre-budista, pero las enseñanzas brahmánicas entendieron karma mecánicamente: realizar un sacrificio védico correctamente, tarde o temprano conducirá a las consecuencias deseadas. El Buda transformó este enfoque ritual en un principio moral al centrárse en cetana, que significa «actos de voluntad» o «motivaciones». Como el Dhammapada enfatiza: «Si uno habla o actúa con una mente impura, el sufrimiento sigue igual que la rueda de carro sigue la pezuña del buey... Si uno habla o actúa con una mente pura, la alegría sigue como una sombra que nunca se aparta».

Como señala Rita Gross, el término «karma» literalmente se refiere a las acciones de uno. Centrarse en las posibles consecuencias de nuestras acciones pone el carro (efecto) delante del caballo (causa) y no alcanza la significación revolucionaria del enfoque del Buda. El karma puede ser entendido como la clave para el desarrollo espiritual, revelando cómo la situación de vida puede ser transformada mediante la transformación de las motivaciones de las acciones de uno, aquí y ahora. Sin embargo, el karma no es algo que el yo tiene, sino que es lo que el sentido del yo es, porque el sentido de uno de uno mismo se transforma por las propias decisiones conscientes. Al optar por cambiar lo que me motiva, puedo cambiar el tipo de persona que soy.

Desde esta perspectiva, experimentamos consecuencias kármicas  no sólo por lo que hemos hecho, sino también por en lo que nos hemos convertido, y lo que intencionalmente hacemos es lo que nos hace ser lo que somos. En otras palabras, somos «castigados» no por nuestros «pecados», sino por ellos. Y, como Spinoza dijo, la felicidad no es la recompensa de la virtud, la felicidad es la virtud misma. Convertirse en un tipo diferente de persona es experimentar el mundo de una manera diferente. Y cuando respondemos de manera diferente a los retos y oportunidades que el mundo nos presenta, el mundo responde de manera diferente a nosotros.

Esta comprensión del karma no implica necesariamente el renacimiento después de la muerte física, y hay un agnóstico «no sé» enroscado en la conversación que sigue. El énfasis está en «momento a momento» volver a nacer, mientras nuestras motivaciones y acciones cambian ahora mismo. Sin embargo, eso no significa excluir otras posibilidades, tal vez más misteriosas, sobre las consecuencias de nuestras acciones. En cualquier caso, el karma no es una doctrina fatalista. De hecho, es difícil imaginar una enseñanza más emancipadora. No estamos obligados a aceptar pasivamente las circunstancias problemáticas de nuestras vidas. Más bien, se nos anima a mejorar nuestras situaciones abordándolas con generosidad, bondad y sabiduría.

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Buddhadharma: Vamos a empezar con una definición básica del karma. ¿Qué diríais si alguien viniera y le preguntara, ¿qué es el karma? ¿Cuál sería su discurso de ascensor?

 

Rita Gross: Enseñé a estudiantes universitarios este material cerca de treinta años, y explicaba que la palabra «karma» viene de una raíz verbal sánscrita que significa una acción, o hacer algo. La idea es que nuestra situación actual se debe a cosas que han sucedido en el pasado, y que lo que hacemos con la situación actual tiene un gran efecto en lo que será el futuro. A menudo daba el ejemplo de que si estas todo un semestre sin hacer tus deberes ni las lecturas, entonces suspenderás el curso –y esto se llama karma. Por otro lado , si prestas atención y te ocupas de tus estudios, obtendrás mejor calificación que si no lo hubieras hecho, –y esto también se llama se llama karma.

Siempre he intentado que sea muy simple y directo. No hay nada sobre las vidas pasadas y futuras en mi discurso de ascensor, y nada místico o esotérico. Creo que el karma se explica mejor como algo que todos experimentamos todo el tiempo. No es una idea particular del Este, es sólo que no estamos acostumbrados a la palabra karma.

Larry Ward: Yo definiría karma en el sentido clásico, como actividad de nuestro cuerpo, palabra y pensamiento que dejan rastros de hábitos en nuestra mente y cerebro.

Andrew Olendzki: Me gustaría empezar haciendo hincapié en lo que no quiere decir. Todo el mundo asume que el karma significa destino, porque esa es más o menos la forma en que ha sido traducido. Y así, como Rita, enfatizo que realmente significa causa y efecto –que lo que haces tiene una consecuencia. El destino parece sugerir que alguien está ahí arriba en el cosmos haciendo un seguimiento de todo. Karma, tal como se utiliza en las enseñanzas budistas más tempranas, tiene mucho que ver con tus propios procesos psicológicos. A lo que se apunta no es por qué los terremotos suceden o por qué un meteorito golpea, sino que si actúas con odio, vas a ser odiado o rechazado.

Rita Gross: Estoy de acuerdo en que es muy importante que la gente entienda que el karma no es el destino, que es la definición instintiva popular.

Larry Ward: La otra tendencia es la de interpretar el karma como retribución, con énfasis en el efecto pero poco en la causa.

Rita Gross: Sí, eso viene sale mucho, también –que es un castigo. Pero no es eso en absoluto, por supuesto.

 

Rita M. Gross es profesora emérita de estudios comparativos de religión en la Universidad de Wisconsin, Eau Claire, y maestra del dharma designada por Jetsun Khandro Rinpoche. Es autora de Buddhism After Patriarchy, A garland of Feminiest Reflections, y su próximo libro, Religious Diversity: What's the Problem?

Larry Ward es el director del Lotus Institute y un maestro del dharma en la orden de interbeing, ordenado por Thich Nhat Hanh. Dirige mindfulness y retiros de budismo comprometido a nivel internacional y es coautor de Love's Garden: A Guide to Mindful Relationships.

Andrew Olendzki es académico senior en el Barre Center for Buddhist Studies en Barre, Massachusetts, y autor de Unlimiting Mind. Tiene un doctorado en Estudios Budistas de la Universidad de Lancaster en Inglaterra y estudió pali y sánscrito en Harvard y la Universidad de Sri Lanka.

Fuente: Budhadharma