Koan

5. El hombre colgado de un árbol, de Kyogen

Koan

El Maestro Kyogen dijo: «Es como un hombre en un árbol que cuelga de un rama agarrándose con la boca; sus manos no pueden aferrar rama alguna, sus pies no pueden tocar el árbol. Otra persona pasa por debajo del árbol y le pregunta por el significado de la venida de Bodhidharma de Occidente. Si no responde, no cumple con las necesidades de quien le hace la pregunta. Si responde, perderá la vida. En ese instante ¿cómo debe responder?»

Comentario de Mumon

Aun en el caso de que tu elocuencia fluyera como un río, no serviría de nada. Incluso si pudieras explicar el Gran Tripitaka, tampoco serviría de nada. Si realmente puedes responder, resucitarás a los muertos y matarás a los vivos. Sin embargo, si eres incapaz de responder, espera a Maitreya y pregúntale.

Poema de Mumon

Kyogen simplemente balbucea;
¡qué letal es su veneno!
¡Cerrando la boca de los monjes,
hace que brillen sus ojos demoníacos!

Teisho sobre el koan

El Maestro Kyogen fue contemporáneo de Gyozan, que murió en 890, por lo que debió vivir en las postrimerías de la dinastía T’ang.
Kyogen presenta este koan por compasión y lo plantea de esta forma drástica en un esfuerzo por romper la discriminación humana de un solo golpe. Intenta que eliminemos nuestra mente discriminatoria mediante el koan.
Preguntar «el significado de la llegada de Bodhidharma del Oeste» puede considerarse como preguntar el significado de «la esencia del zen».
Existe una interesante historia de cómo Kyogen alcanzó su satori, lo cual, sin duda, lo motivó a plantear esta extraña pregunta. La historia es muy conocida en los círculos zen y, como puede ayudarnos a comprenderlo como Maestro zen, haremos una digresión y la explicaremos.
Kyogen fue un hombre de gran erudición y gran memoria, con un talento y brillantez extraordinarias. Ya desde la niñez le encantaba aprender. Al principio estudió con el Maestro Hyakujo, pero, como este último murió enseguida, prosiguió sus estudios zen con Isan. Isan reconoció su genio extraordinario y deseó abrir de algún modo su ojo espiritual. Un día llamó a Kyogen y le dijo: «No quiero que me digas lo que has aprendido de las escrituras ni el resultado de la acumulación de estudios y especulaciones. Simplemente dime la palabra esencial sobre tu Sí mismo antes de nacer, antes de que supieras distinguir Este y Oeste». Ante esta pregunta inesperada, Kyogen se sintió perdido y no pudo decir palabra alguna. Buscó con diligencia, pero cada vez que presentaba una respuesta a Isan veía como su Maestro la rechazaba perentoriamente. Finalmente, agotada su energía, Kyogen fue a ver a Isan y le rogó: «¡Por favor enséñamelo!» «Incluso si pudiera enseñártelo», dijo Isan, «sería mi palabra y no tendría nada que ver con tu respuesta». Y no prestó atención al ruego de Kyogen.
Desanimado, Kyogen cogió sus libros y las notas de sus años de estudio y los quemó diciendo: «Los dibujos de un pastel no satisfacen el hambre». Llevado a la desesperación por su incapacidad de atravesar la barrera, dejó su entrenamiento y abandonó llorando el monasterio de Isan. Visitó la tumba del Maestro nacional Echu y decidió vivir como celador anónimo del lugar. Aunque su biografía no nos proporciona ningún detalle, su lucha interna y su búsqueda debieron haber seguido incrementándose día y noche, incluso después de haber perdido las esperanzas sobre su capacidad y decidido vivir como guardián de tumbas. Su Gran Duda religiosa debió de intensificarse hasta el punto de que el mínimo contacto hubiese podido provocar una explosión. La oportunidad estaba madura.
Un día, mientras barría el patio, Kyogen lanzó la basura entre unos arbustos. Una piedra golpeó un bambú. Oyó el golpe y, en aquel momento, repentinamente, se iluminó y a pesar de sí mismo estalló en carcajadas.
De inmediato regresó a su cabaña y se cambió de ropa. Prendió incienso, se postró en dirección a Isan y elogió la virtud de su Maestro. «La compasión de Isan es realmente mayor que la de mis padres. Si me “lo” hubiera enseñado cuando se lo pedí, nunca hubiera podido tener la gran alegría que hoy he experimentado».
Como podemos ver por esta historia, Kyogen fue originalmente un hombre de inteligencia y estudios. A causa de ello, tuvo que pasar por las mayores contradicciones y las luchas más dolorosas al fin de trascender su sagacidad y todo lo que sabía. Sin embargo, triunfó de un modo muy bello en su lucha espiritual para ir más allá de las contradicciones intelectuales y convertirse en un gran Maestro de paz y libertad reales. Su singular proceso de adiestramiento y sus experiencias le proporcionaron la base para triunfar en un koan como éste.
Realmente, una vida controlada por su intelecto dualista puede vincularse al hombre de este enigmático koan propuesto por Kyogen. A un hombre que cuelga de una rama asido por la boca, otro hombre, desde debajo del árbol, le pregunta por la esencia del zen. Si el primer hombre contesta, caerá del árbol y morirá. Si no responde, no cumplirá con las necesidades del que hace la pregunta. ¿Cómo puede atravesar la barrera de este gran dilema? Hasta que no afrontemos la ineludible crisis y experimentemos por una vez la muerte, no alcanzaremos la verdadera libertad. El Maestro Mumon acentúa este punto en su comentario al primer koan: «A la hora de estudiar el zen, debemos atravesar las barreras propuestas por los antiguos Maestros. Para alcanzar el incomparable satori, hemos de eliminar esta mente discriminatoria».
Cuando nuestra mente discriminatoria es eliminada ¿qué tipo de espiritualidad conseguiremos? ¿Qué tipo de vida viviremos? Kyogen, en el koan, dice: «En este momento». Lo que significa «tal cual es», sin idea de trabajo ni movimiento de conciencia. Si cuelga de un árbol, tal como cuelga, la esencia del zen está viva y se manifiesta allí.
Un Maestro zen, comentando este koan, dijo: «Ahora, poniendo a un lado al hombre que cuelga del árbol, ¿cuál es “el significado de la venida de Bodhidharma del Oeste” cuando hemos caído del árbol?» Esto también señala a «en este momento». Si hemos caído del árbol, al caer, la esencia del zen estará viva y se manifestará allí. Aquí y ahora, tal cual –ello es «esto». ¿Qué otra respuesta podría haber? A parte del hecho, concreto, lúcido y penetrante no hay zen.
Lo básico del zen es «eliminar nuestra mente discriminatoria». Cuando lo hacemos, por primera vez podemos trascender el sí y el no, lo bueno y lo malo, y podemos declarar que todas las cosas, en cualquier lugar, son «esto». Podemos entonces atrapar realmente el zen de Kyogen.

Teisho sobre el comentario de Mumon

Mumon comenta: «Aunque tu elocuencia fluya como un río, no servirá de nada. Aunque puedas explicar el Gran Tripitaka, tampoco servirá de nada. Si realmente puedes responder, resucitarás a los muertos y matarás a los vivos. Sin embargo, si eres incapaz de responder, espera a que venga Maitreya y pregúntale».
En el koan, Kyogen exige que sus discípulos den la respuesta «en este momento». Sin embargo, Mumon, al comentarlo, dice que «en este momento no hay otra posibilidad; aunque tu elocuencia fluya como un río, no servirá para nada. Aunque puedas explicar el Gran Tripitaka». Si podemos dar una respuesta adecuada en este momento, entonces seremos totalmente libres, capaces de resucitar a los muertos y matar a los vivos. O sea, podremos libremente eliminar el satori del supuesto iluminado que está apegado al satori y convertir al ignorante en iluminado. Ciertamente seremos capaces de ello, porque ahora somos hombres que gozamos de absoluta libertad al haber resuelto en lo fundamental las contradicciones mentales.
Mumon añade que aquellos que son incapaces de proporcionar la respuesta adecuada en este momento, deberán esperar la llegada del Buda Maitreya, el Buda del futuro que, se dice, aparecerá en este mundo 5.670.000.000 años después de la muerte del Buda Sakyamuni para salvar a los seres humanos. Pueden preguntar a Maitreya. No se trata sólo de un comentario sarcástico, sino de una crítica compasiva por parte de Mumon, que de este modo alienta a sus discípulos a que regresen del abismo de la muerte.

Teisho sobre el poema de Mumon

Kyogen simplemente balbucea;
¡qué letal es su veneno!
¡Cerrando la boca de los monjes,
hace que brillen sus ojos demoníacos!

«Balbucear» es una traducción de zusan. En la antigüedad, había un hombre en China llamado Zusan, que solía escribir poemas excéntricos sin rima alguna. Por lo tanto, «zusan» pasó a significar cualquier cosa sin ritmo o sentido. Aquí significa sinsentido expresado al azar. En las dos primeras líneas, Mumon está diciendo: «¡Qué absurdo es el Maestro Kyogen! ¡Qué letal es el veneno con que nos obsequia!» Podemos interpretar este comentario como si describiera cuán funesta es esta pregunta que ha acabado con las vidas de tantos monjes. El zen, sin embargo, a menudo utiliza un recurso conocido como «elogio mediante la denuncia». Al atacarlo, Mumon está en verdad admirando la extraordinaria capacidad del Maestro Kyogen. Mumon finaliza su poema diciendo: «Ante esta atroz pregunta de Kyogen, aquellos que se consideran expertos en zen serían incapaces de decir una sola palabra como respuesta. Tendrán que cerrar la boca, con los ojos abiertos de par en par, temblando de miedo».
Dejad, sin embargo, que añada que justo en el momento en que Kyogen acaba de cerrar la boca de los monjes y hace que sus diabólicos ojos se iluminen, el zen –«esto»– está siempre vivo y se manifiesta. Mumon está claramente contestando a Kyogen. Si no conseguimos alcanzar «esto», que con tanta viveza se presenta aquí, el zen está fuera de nuestro alcance.