La autoayuda y esa furia

Reflexiones de Gabriel Jaraba sobre el universo de la autoayuda.

La autoayuda y esa furia

Por Gabriel Jaraba

Basta con mencionar la frase «libros de autoayuda» en algún ambiente ilustrado para que se desencadenen dos reacciones: desprecio o irritación. La primera es comprensible, pues existe la paradoja de que muchísima gente leída es reticente a aceptar las novedades que no se ajustan a unos parámetros construidos y adoptados larga y trabajosamente. La segunda me resulta muy curiosa; ¿de dónde surge esa irritación sorda, a veces verdadera furia, que se da ante propuestas que, en puridad, abogan por la mejora de las condiciones de vida de las personas y animan a tomar el destino de cada cual en las propias manos, tratan de combatir el pesimismo y la rendición ante la adversidad? ¿A qué viene esa irritación de los progresistas ilustrados ante las propuestas de fondo que subyacen en los libros de autoayuda? ¿No habíamos quedado en que la modernidad consistía, precisamente, en que los ciudadanos tomasen las riendas de sus vidas y de que no existiesen mediaciones que interfiriesen en la voluntad libremente asumida? Uno había llegado a creer que el mismo hecho de leer llevaba implícita una actitud de «autoayudarse», es decir, de prescindir de cualquier mediación autoritaria ajena al libre ejercicio de la autorreflexión a partir de lo leído y la consiguiente toma de decisiones de modo estrictamente personal. Se vé que no, y de ahí mi perplejidad.

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Fuente: Gabriel Jaraba