Los feos tienen más posibilidades de ir a la cárcel que los guapos

Nos ha llamado la atención la noticia aparecida ayer en La Vanguardia, en la que nos informan de un estudio que demuestra que el atractivo físico condiciona las decisiones de los jurados.

El estereotipo de atractivo físico es un término que los psicólogos utilizan para referirse a la tendencia a asumir que las personas que son físicamente atractivas poseen también otros rasgos de personalidad socialmente deseables. Muchos estudios han encontrado que la gente tiende a pensar que las personas más atractivas son también más felices, sociables, exitosas, más amables y tienen muchas otras características positivas. En las culturas menos individualistas, se supone que la gente guapa tiene rasgos que esas culturas valoran, tales como la preocupación por los demás, la lealtad e integridad.
El atractivo físico puede tener un efecto significativo en cómo las personas son juzgadas en términos de empleo o de oportunidades sociales, amistad, comportamiento sexual y matrimonio.

Otro estudio demuestra la tendencia a ver a la gente y las cosas que tienen rasgos tipo «cara de niño» como más ingenuas, indefensas, y honestas que las que tienen facciones maduras.

Las personas y las cosas con rasgos redondeados, ojos grandes, nariz pequeña, frente alta, mentón corto y piel y cabello relativamente más finos son percibidos como «aniñados» y, en consecuencia, poseedores de atributos de personalidad «aniñados»: ingenuidad, indefensión, honestidad, e inocencia. El sesgo se encuentra en todos los rangos de edades, culturas, y muchas especies de mamíferos.

En los procedimientos legales, los adultos con «cara de niño» tienen más probabilidades de ser declarados inocentes cuando el presunto delito implica un acto intencionado, pero tienen más probabilidades de ser declarados culpables cuando el presunto delito implica un acto de negligencia. Aparentemente, es más creíble que una persona con «cara de niño» hace el mal por accidente que a propósito. Curiosamente, cuando el acusado con «cara de niño» se declara culpable, recibe penas más severas que los acusados con caras maduras –parece ser que el contraste entre la expectativa de la inocencia y la conclusión de culpabilidad provoca una reacción más dura que cuando la expectativa y la conclusión concuerdan.

Encontramos éste y otros curiosos ejemplos en el interesante libro Universal principles of design.

Fuente: La Liebre