Los fundamentos de la meditación de pie

El maestro zen coreano Kusan dijo: «... En 1943 me decidí a luchar contra mi somnolencia meditando en la postura de pie con las palmas juntas frente a mí (hapchang)... Permaneciendo solo, decidí que no iba a darme por vencido bajo ningún pretexto, incluso si estuviera a punto de morir –tal era mi determinación de seguir.

En la meditación de pie, la parte más difícil es pasar las primeras dos horas sin moverse, después de lo cual las principales dificultades se superan. Ya estés sentado, recostado, o de pie, al final es lo mismo en el momento en que el cuerpo se acomoda en samadhi. En consecuencia, aunque había pasado siete días completos sin dormir desde que había comenzado esta práctica, no sentía ni cansancio ni dolor en las piernas. 

... A medida que se acercaban las 9 de la noche del último día antes de la ceremonia, el reloj de la pared hizo un clic justo antes de dar la hora. Cuando oí ese clic, di un paso más hacia la iluminación. .... ¿Qué significó cuando el reloj dió las nueve? Mi intensa práctica de pie había eliminado las obstrucciones del sopor y la inquietud. Su efecto fue como el de un cielo despejado completamente desprovisto de nubes. Instantáneamente me permitió entrar y permanecer en el lugar original. Fue de esta manera que me estuve de pie durante esos siete días y noches. ....

Los que tienen la mente puesta en cultivar la práctica deben estar dotados de espíritus dispuestos, si fuera necesario, a atravesar rocas con sus dedos con el fin de alcanzar la iluminación».

Fragmento del libro The zen monastic experience, de Robert E. Buswell