Los «spoilers» no echan nada a perder

Los «spoilers» no echan nada a perder.

Tengo debilidad por la «pulp fiction», especialmente cuando tiene un giro misterioso inesperado. Me gustan los thrillers «graves» y las imitaciones mediocres de Agatha Christie. Básicamente, me gusta cualquier tipo de ficción que me permita olvidar por largos periodos de tiempo que estoy sentado en una terminal de aeropuerto.

Leo estos libros de una manera inusual: empiezo por las últimas cinco páginas, buscando primero el giro final. El final no tiene sentido en este momento, pero eso no me importa –me gusta leer la historia con el gran final en mente. (Diablos, incluso hice trampa con Harry Potter.)

Siempre había supuesto que este estilo de lectura es un hábito perverso personal, un síntoma de una inteligencia literaria defectuosa. Resulta, sin embargo, que llevaba ventaja, porque los «spoilers» no echan nada a perder. De hecho, un nuevo estudio sugiere que los «spoilers», en realidad, pueden aumentar nuestro disfrute de la lectura. A pesar de que asumimos que el suspense hace la historia –seguimos leyendo porque no sabemos que pasa después– esta nueva investigación sugiere que en realidad la tensión resta valor a nuestro disfrute.

El experimento en sí fue simple: Nicholas Christenfeld y Jonathan Leavitt, de la Universidad de San Diego, dieron a varias docenas de estudiantes 12 cuentos cortos diferentes. Las historias venían en tres sabores diferentes: historias con un giro irónico (como «Una apuesta» de Chejov), misterios puros («Un problema de ajedrez» de Agatha Christie) y las llamadas «historias literarias» de escritores como Updike y Carver. Algunos sujetos leyeron la historia como era, sin «spoiler». Algunos leyeron la historia con un «spoiler» cuidadosamente insertado en el texto original, como si el mismo Chejov hubiera regalado el final. Y algunos leyeron la historia con una advertencia de «spoiler» en el prefacio.

Aquí están los resultados:

La primera cosa que probablemente notaréis es que a la gente no les gustan las historias literarias. (Y eso es una lástima, porque «Plumbing», de Updike, es una obra maestra de la prosa: «All around us, we are outlasted...»). Pero también podéis haber notado que casi todas las historias, independientemente del género, eran más placenteras cuando las prologaba un «spoiler». Esto sugiere que yo leo ficción de la manera correcta, comenzando por el final y yendo hacia atrás. Me gusta la historia más porque el suspense está contenido.

Algunos pensamientos al azar sobre estos datos:

1. En esta era de la información, nos hemos vuelto ligeramente obsesionados con evitar «spoilers», manteniéndonos alejados de las redes sociales para no conocer el final de Lost o el giro final sorpresa del último éxito de taquilla. Pero este es un nuevo hábito. Después de todo, la cultura de masas consistió durante miles de años en historias que eran increíblemente predecibles, desde la tragedia Griega a la boda de Shakespeare o el final feliz de Hollywood. (¿Comenzó esta ansia por los finales impactantes con Sospechosos habituales? No es que Twitter pudiera arruinarte el final de una peli de John Wayne...) Lo que sugiere esta investigación es que la falta de sorpresas forma parte del placer: nos gusta más cuando el suspense está contenido por la fórmula, cuando no tenemos que preocuparnos realmente por la muerte del protagonista o los amantes en una comedia romántica. Yo diría que, en muchos casos, el hecho de que estemos viendo un determinado tipo de película (o leyendo un determinado tipo de libro) es en si una revelación, un recordatorio de que sabemos como va a salir todo. Cada género es una especie de «spoiler».

2. El hecho de que sepamos el final no significa que no haya sorpresas. Incluso cuando hago trampa y leo las últimas páginas al principio un buen thriller todavía me sorprende con la forma en que llega allí. Tal vez hemos sobrevalorado el placer de un final sorprendente a expensas de esos pequeños asombros por el camino. Se trata del viaje narrativo, no del destino final, etc. Christenfeld y Leavitt incluso especulan con que el saber el final podría aumentar la tensión narrativa: «Conocer el final de Edipo puede aumentar la tensión placentera de la disparidad de conocimiento entre el lector omniscente y el personaje marchando hacia su perdición».

3. Las sorpresas son mucho más divertidas de planear que de experimentar. La mente humana es una máquina de predicción, lo que significa que registra la mayoría de las sorpresas como un deterioro cognitivo, un error mental. Nuestra primera reacción casi nunca es: «¡Que pasada! ¡No lo vi venir!». En cambio, nos sentimos avergonzados por nuestra credulidad, la consternación de un error de predicción. Mientras que los autores y guionistas pueden disfrutar creando esos giros inteligentes, deberían saber que el público disfrutará mucho menos. Los psicólogos acaban el artículo (de próxima publicación en la revista Psychological Science) preguntándose si el placer de las sorpresas echadas a perder puede extenderse más allá de la ficción:

Las intuiciones erróneas sobre la naturaleza de los «spoilers» podrían persistir porque los lectores individuales no son capaces de comparar entre la experiencia de una novela con «spoilers» o sin «spoilers». Otras intuiciones sobre el suspense pueden ser igualmente equivocadas, y quizás los regalos de cumpleaños serían mejores envueltos en celofán transparente, y los anillos de compromiso no ocultos en una mousse de chocolate.

Johan Lehrer, Wired Magazine

Fuente: Wired Magazine