Meditación, hábitos mentales, e imaginación creativa

(Artículo de Martine Batchelor para la revista Tricycle).

Hemos de tener cuidado de no pensar que la meditación se trata de deshacerse de los pensamientos. Por el contrario, yo diría que la meditación nos ayuda a trabajar creativamente con nuestros pensamientos y no obsesionarnos con ellos. Cuando la gente dice que no puede concentrarse, les digo: «No, no, no! Te estás concentrando –demasiado en un pensamiento!»

Es interesante notar en la meditación todos los diferentes lugares donde nos llevan nuestros pensamientos –lo que nos distrae y lo que ocupa nuestras mentes. Es importante tener en cuenta estas cosas en la meditación, porque éstas serán las mismas cosas que ocupen nuestra mente en la vida cotidiana. A medida que nos familiarizamos con nuestros pensamientos en la meditación, vemos cuan repetitivos son. A menudo pensamos en cosas muy similares una y otra vez, y es realmente raro lo que yo llamaría un pensamiento creativo y original.

Lo que recomiendo es seguir la respiración, o dejar que los sonidos sean el objeto de tu concentración, o probar la meditación de la consciencia corporal. Luego pregúntate a ti mismo: ¿Dónde fui? Cuando estaba distraído, ¿qué hice? Y entonces podrás ver que tienes diferentes tipos de pensamientos, que generalmente se dividen en tres categorías: ligeros, intensos y habituales.

A menudo tratamos de trabajar con nuestros pensamientos sólo cuando alcanzan un alto nivel de intensidad. Yo diría que para entonces que es demasiado tarde, porque ya son tan fuertes y poderosos que es muy difícil trabajar con ellos. Lo único que podemos hacer cuando estamos realmente atrapados en pensamientos pesados y obsesivos es darnos cuenta de la causa –tal vez algo pasó y te enfadaste. Solamente ten cuidado de no alimentar la intensidad. Creo que las prácticas de meditación puede ayudar en esto. Por ejemplo, al volver a la respiración una y otra vez, si eres realmente obsesivo llegarás a darte cuenta, «Oh, soy obsesivo». A continuación, intenta volver a la respiración solo un poco, sólo unos segundos. Entonces sigue volviendo. Esto puede no eliminar la intensidad de los pensamientos por completo, pero al menos su intensidad disminuirá, y en general los pensamientos no duran tanto.

Cuando meditamos, nos volvemos más conscientes de la naturaleza habitual de nuestros pensamientos. Pienso en este nivel como en los surcos mentales que nuestros pensamientos siguen habitualmente. La meditación nos ayuda a librarnos de estos patrones habituales y desata el poder original y creativo del pensamiento.

Soñar despierto es un hábito mental importante a tener en cuenta. Soñar despierto puede ser muy frustrante. Si tienes tendencia a soñar despierto en la vida cotidiana, entonces a menudo compararás lo que experimentas en tu vida con lo que sucedió en tu ensueño, donde todo fue según lo planeado. Los ensueños son seductores. Es como una película en la que somos el actor, el guionista, el director, el productor. Incluso vendemos las palomitas. Puede ser maravilloso, podemos modificar lo que queramos y hacer lo que queramos, pero tenemos que volver a la realidad, donde las cosas no siempre van como queremos. Pienso que tenemos que saber cuando estamos soñando, no para juzgarnos sino para volver al momento y decir: «Oh, estoy perdido en un sueño.»

Recuerdo cuando era monja y meditaba diez horas al día. En lugar de meditar, sin embargo, ¡fantaseaba con ello! ¡Fantaseaba con ir a una ermita, practicar muy duro, alcanzar la iluminación, y salvar a todo el mundo! Cuando me di cuenta de que esto no era meditación, volví a cultivar realmente mi práctica. Entonces era capaz de devolver la energía mental que desperdicié soñando a su propósito original: la imaginación creativa. Cuando escribo un libro, no sueño con escribir un libro. Sólo pienso: ¿Qué pasa con esto? ¿Qué pasa con aquello? Cuando voy a escribir, me vuelvo muy imaginativa y creativa. Llevo todo a la imaginación creadora.

Los patrones mentales ligeros son naturales, y es el nivel más fácil con el que trabajar. Un cerebro vivo es activo, constantemente disparando y pensando en algo. Tendremos trenes de pensamiento sin rumbo, asociaciones extrañas de ideas, listas de la compra o proyectos de iluminación. Son interesantes en que, debido a su ligereza, podemos jugar con ellos con mayor facilidad y también reírnos de ellos cuando reconocemos ciertos motivos y vemos lo innecesarios que son. Yo puedo ver en mi un bucle de «preparación de equipaje». Desde que me di cuenta de este ciclo, sólo me entrego a él cerca del momento de partida y no por mucho tiempo. Al tener conocimiento de ello, me parece inútil, porque sé que soy muy capaz de hacer mi equipaje de forma rápida y eficiente.

Tenemos que reconocer los patrones mentales ligeros, porque en determinadas circunstancias, pasamos con rapidez de ligeros a habituales y acabamos en las garras de una obsesión, que acaba de comenzar como una brizna de pensamiento débil en la mente. No hemos de tener miedo de nuestra mente. Podemos adentrarnos en un viaje de descubrimiento y experimentación. Entonces podremos jugar con nuestros procesos mentales y desarrollar nuestra capacidad mental en la sabiduría y la compasión.

Fuente: Tricycle