Ni vida ni muerte

Las enseñanzas del maestro zen Lin-Chi

El texto que viene a continuación también podría titularse: historia de una obsesión. Corría el año 1969 cuando compré Ángeles de desolación de Jack Kerouac, editado en España por Luis Caralt. En aquellos años, en los que yo todavía era un estudiante de bachillerato, el libro produjo un gran impacto en mi mente adolescente. Supongo que a los jóvenes de hoy en día les sucede lo mismo, aunque tengo la sensación de que con el exceso de información el efecto parece haber menguado, pero por aquel entonces de repente una película, un libro o un disco nos cambiaban la vida.

Tenía ganas de leer más libros de Jack Kerouac, pero en nuestro país no se había publicado ningún otro. Anhelaba sobre todo leer En el camino. Pasados unos meses, cuando ya me había resignado, entré por casualidad en la que entonces creo se llamaba la Casa del Libro (hoy Catalonia). Me fijé en que los libros que no estaban en las mesas de exposición, se encontraban ordenados en las estanterías por orden alfabético. Busqué la K y casi me dio un vuelco el corazón cuando encontré tres libros de Jack Kerouac publicados por la editorial argentina Losada: En el camino, Los vagabundos del Dharma y El viajero solitario, en los que invertí prácticamente todos mis ahorros.

Podríamos decir que Los vagabundos del Dharma fue el libro que me introdujo al budismo. Me enamoré del personaje principal del libro, Japhy Ryder, influenciado por Thoreau, quien vivía con sencillez y ensalzaba las virtudes del budismo. Con el tiempo descubriría que bajo el nombre de Japhy Ryder se ocultaba un personaje real: el gran poeta beat Gary Snyder, pero de ello hablaremos un poco más delante.

Poco después volví a acercarme a la Casa del Libro, tras acumular con esfuerzo otros pequeños ahorros, y me compré los tres volúmenes de los Ensayos sobre budismo zen de D. T Suzuki, publicados por la, también argentina, editorial Kier. Los textos traducidos por D. T. Suzuki me cautivaron, principalmente los fragmentos de la recopilación de dichos del Maestro Rinzai (en la traducción de Suzuki).

Podría decir que, en cierto modo, los libros de Kerouac y los pocos libros que pude leer sobre budismo me inclinaron a matricularme en la Facultad de Filosofía. Tras la lectura de Kerouac en dicha época sentí mucha afinidad por los hippies y  la psiquedelia que de un modo tal vez intuitivo, pero también algo confuso, logré enlazar con el budismo zen.

Cada vez me sentía más cerca del mundo del zen y a la vez más decepcionado por los estudios de filosofía en la Universidad.

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Fuente: Ulises