Qi Gong para meditadores

Cultivo de la energía para profundizar tu práctica

(Completo artículo aparecido en la revista Tricycle, en inglés)

Comencé la práctica de la meditación a la edad de 15 años durante mi entrenamiento en artes marciales, que empezó hace más de 40 años. Mi maestro, Tatsumo Makami, nos sentaba en postura seiza (de rodillas) durante unos minutos antes de la clase. Parecía deleitarse en enderezar mi espalda, ajustarme la cabeza, y tratar de hacer mi respiración más lenta, mientras las rodillas me dolían y se desvanecía mi paciencia. No podía esperar ha que la meditación acabase para empezar lo que pensaba que era el asunto real de las artes marciales: patadas, puñetazos y sonoros gritos kiai.

Más tarde, al mirar más profundamente en mi práctica de artes marciales y comenzar a estudiar artes Asiáticas y filosofías de diferentes culturas y tradiciones, empecé a ver que uno de los hilos de interconexión entre todos ellos al más alto nivel es la práctica de la quietud, y luego la práctica de la quietud en la acción. Durante décadas, la meditación se ha convertido en una parte fundamental de todas las artes que practico: aikido, yoga y artes marciales chinas, como Taiji, Xingyi, Bagua, y Liuhebafa. En la raíz de todas las artes marciales chinas internas está el qigong –el poderoso sistema de prácticas de la energía que a su vez ha apoyado la expansión y profundización en mi práctica de meditación.

La palabra china qigong significa «cultivo de energía». Qi es la universal fuerza-vital, y gong es a la vez la acción y el resultado de un esfuerzo sostenido en el tiempo. La práctica de del qigong honra y cultiva este aspecto «energía» de nuestro ser –la matriz de la fuerza vital que impregna nuestro cuerpo físico, y por lo tanto apoya el desarrollo integral de nuestro bienestar.

Seguir leyendo el artículo en la revista Tricycle.

Recomendamos los libros: 

Qi Gong, y Movimientos para la felicidad, de Yves Réquéna.

El tao del Yiquan. Los guerreros de la quietud, de Jan Diepersloot.

El camino del Qi Gong, de Kenneth Cohen.

Fuente: Tricycle