Sobre indignados e indignos

(Imagen del flickr de acampadabcn)

Avance del próximo artículo de Fernando Pardo para la revista Cañamo.

Cuando esto se publique posiblemente la acampada de la Plaza de Catalunya se habrá transformado para dar paso a distintas propuestas que seguirán adelante con la lucha de este movimiento libre y admirable en todos los sentidos. No es el lugar para analizar dicho movimiento en profundidad. Pero nos gustaría tomarlo como punto de partida para mostrar la perversidad de los medios de comunicación convencionales y a su vez mostrar la dirección que está tomando la mente humana en el siglo XXI.

La acampada de la Plaza de Catalunya, en la que nos centraremos por ser la que mejor conocemos y la que hemos frecuentado estos días, nos servirá como un espejo que ha reflejado la verdadera naturaleza de dichos medios, y el estado de las mentes en este principio de siglo, y nos dará pistas de que los días de los medios convencionales están contados y que cada vez más personas, principalmente los jóvenes, les darán la espalda tal como se merecen.

En un principio los medios de comunicación se tomaron con simpatía la acampada de la Plaza del Sol de Madrid y la de la Plaza de Catalunya en Barcelona, eran muy mediáticas, hasta que se dieron cuenta de que... ¡iban en serio!

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No es ninguna novedad el que los medios de comunicación estén controlados por los políticos o por grupos económicos. Es algo sabido por todos. Y la gente entiende que siempre ha sido así y siempre lo será. Pero precisamente estas acampadas se han hecho para romper con este tipo hipnosis colectiva a la que pretenden someternos. Internet, por el momento, puede ser de gran utilidad en este sentido. Nunca había habido tantas posibilidades de romper con estos monopolios informativos como en la actualidad. Como explica Neal Gabler en un artículo titulado El fin del elitismo cultural, ya no tenemos necesidad de tragarnos las opiniones de los mandarines de antaño, ya sean políticos o intelectuales. Cualquier persona con cierta habilidad puede mantener su propio criterio al acudir a muchas fuentes distintas donde antes solo había unos pocos canales. En mi infancia recuerdo solo dos canales de TV en blanco y negro que se pavoneaban de sus audiencias millonarias. Es como si solo se publicaran dos libros al año que se vanagloriaran de ser un bestseller.

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Puedes leer el artículo completo en el próximo número de la revista Cañamo (163).

Fuente: Revista Cañamo