Una cuestión de fe

Una cuestió de fe

Entrevista con el científico Rupert Sheldrake, que participa en el libro Diálogos con científicos y sabios (publicado por La Liebre de Marzo).

El budismo se ha comprometido siempre con las culturas con las que ha tenido contacto y ha hablado a través de ellas. En el caso del budismo occidental, gran parte de su compromiso ha sido a través de la ciencia. El dharma en occidente ha visto como se interpretaba a Buda y su doctrina en términos de principios científicos y terapéuticos en forma de «ciencia de la mente». Pero mientras que el budismo es inmediatamente reconocible como un sistema de creencias con sus claros axiomas, las premisas ideológicas actuales de la ciencia no suelen verse bajo la misma luz.

El científico Rupert Sheldrake ha dedicado su último libro Science set free, a poner en cuestión los puntos de vista de la ciencia poco examinados. Sheldrake distingue el método de investigación científica de la visión materialista del mundo. A diferencia de muchos creyentes religiosos, la gente que pone su fe en el materialismo científico en ocasiones no es consciente de que sus creencias son simplemente esto, un asunto de fe.

Como estudiante de bioquímica en la Universidad de Cambridge, donde posteriormente se doctoró, Rupert Sheldrake ganó una beca para estudiar filosofía e historia de la ciencia en Harvard por la época en que se publicó La Estructura de las revoluciones científicas (1962). A diferencia de los idealistas científicos del pasado, Kuhn puso sobre el tapete las vicisitudes de la historia, la ideología y los poderes que tuvieron un papel importante en el desarrollo de la ciencia. Sheldrake prosigue la tradición de Kuhn. «Una de mis preocupaciones», afirma Sheldrake «es abrir la ciencia». Dicha apertura posiblemente llevaría a una relación más fructífera entre ciencia y religión en la que, mediante los desafíos compartidos y la exploración conjunta, pueden enriquecerse la una a la otra.

Escribe que la ciencia es un método de investigación pero que se ha acabado convirtiendo en un sistema filosófico, en suposiciones que no son examinadas por aquellos que las suscriben. ¿puede ampliarnos más esta cuestión?

En el núcleo creativo de la ciencia existe el espíritu de una investigación abierta. Idealmente la ciencia es un proceso, no una posición o un sistema de creencias. La ciencia creativa se produce cuando el científico se siente libre para hacer preguntas nuevas y crear nuevas teorías.

En su influyente libro La estructura de las revoluciones científicas, el historiador de la ciencia Thomas Kuhn considera que en periodos de ciencia «normal», la mayoría de los científicos comparten un modelo de realidad y un modo de hacer preguntas, que denominó paradigma. El paradigma dominante define que tipo de preguntas pueden plantear los científicos y el modo en que pueden responderse. Kuhn ayudó a poner el foco en el aspecto social de la ciencia y nos recordó que la ciencia es una actividad colectiva. Los científicos están sujetos a los obstáculos normales de la vida social humana, incluyendo la presión de los colegas de su grupo y la necesidad de conformarse a las normas de dicho grupo. Los argumentos de Kuhn se basaron en gran medida en la historia de la ciencia, pero los sociólogos de la ciencia han llevado sus intuiciones mucho más lejos estudiando la ciencia tal como se practica, observando los modos en que los científicos crean redes de apoyo, utilizan los recursos y los resultados para aumentar su poder e influencia, y competir por la financiación, el prestigio y reconocimiento.

El ideal de la investigación libre describe a los científicos como buscadores de la verdad de mente abierta, no como personas ordinarias que compite por fondos y prestigio, presionados por el grupo y influenciados por prejuicios y tabús. Por ingenuo que pueda parecer, yo me tomo muy en serio este ideal de investigación libre.

¿Cómo se ha pasado desde la investigación libre a un enfoque dirigido por la ideología?

La filosofía materialista logró su dominio en la ciencia institucional en la segunda mitad del siglo XIX y estaba muy vinculada al auge del ateísmo en Europa. Los ateos del siglo XX, al igual que sus predecesores, tomaron las doctrinas del materialismo como hechos científicos establecidos, no como simples suposiciones.

Desde sus inicios en la Europa del siglo XVII, la ciencia mecanicista se difundió por todo el mundo a través de los imperios e ideologías europeas como el marxismo, el socialismo y el capitalismo de libre mercado. Ha cambiado las vidas de billones de personas mediante el desarrollo económico y tecnológico. Los evangelistas de la ciencia y de la tecnología han logrado un éxito que va más allá de lo que podían soñar los misioneros de la cristiandad. Nunca antes ningún sistema de ideas ha dominado toda la humanidad. Pero a pesar de este desmesurado éxito, la ciencia sigue arrastrando la carga ideológica heredada de su pasado europeo, desde el conflicto entre protestantes y católicos, y entre ateos y cristianos. La ciencia emergió como el sacerdocio del progreso.

En Francia, Louis Pasteur (1822-95) fue un influyente propagandista de la ciencia como religión que encontraba la verdad, con laboratorios como templos mediante los que los seres humanos se elevarían al más alto potencial. «Interesaros, os pido, por estas sagradas instituciones que diseñamos bajo el expresivo nombre de laboratorios. Exijamos que se multipliquen y adornen; son templos de la riqueza y de futuro.»

A finales del siglo XIX, muchos físicos influyentes creían que la ciencia lo comprendía, en principio, prácticamente todo. Esta era la fantasía de la omnisciencia científica. En 1888 el astrónomo americano-canadiense Simon Newcomb se dice que escribió: «Estamos probablemente cerca del límite de lo que puede saberse en astronomía.» En 1894, Albert Michelson, que más tarde ganaría el Premio Nobel de física, declaró: «Las leyes más importantes y fundamentales de la ciencia física ya se han descubierto, y ahora están tan firmemente establecidas que la posibilidad de ser suplantadas a causa de nuevos descubrimiento es muy remota… Nuestros descubrimientos futuros se deben buscar en el sexto decimal.» En 1900, William Thomson, Lord Kelvin, el físico e inventor del telégrafo intercontinental, expreso su suprema confianza en una afirmación, muy citada (tal vez apócrifa): «No hay nada nuevo que descubrir en la física actual. Todo lo que queda son mediciones más precisas.» Pero solo unos años después, llegaron la revolución cuántica y la de la teoría de la relatividad, y luego la cosmología del Big Bang, que han trasformado los fundamentos de las ciencias físicas.

El espíritu de investigación ha liberado continuamente el pensamiento científico de limitaciones innecesarias, ya sean impuestas desde fuera o desde dentro. Estoy convencido de que las ciencias, a pesar de todos sus éxitos, siguen estando dominadas por creencias superadas.

Ha observado que las creencias materialistas de la ciencia las dan por hecho aquellos que las aceptan como un sistema total. ¿Podría explicarlo?

El materialismo es la teoría de que toda la realidad es material o física. No existe realidad que no sea la realidad material; la consciencia es un subproducto de la actividad física del cerebro; la materia es inconsciente; la evolución no tiene sentido. Dios solo existe como idea en las mentes humanas y por lo tanto en sus cabezas.

Estas creencias son poderosas, no a causa de que la mayoría de los científicos piensen críticamente sobre ellas, sino precisamente porque no lo hacen. Los datos de la ciencia son lo suficientemente reales y también las técnicas que utilizan los científicos, así como las tecnologías basadas en ellas. Pero el sistema de creencias que gobierna el pensamiento científico convencional es un acto de fe, enraizado en la ideología del siglo XIX.

La mayoría de los científicos no son conscientes de que el materialismo es una suposición; sencillamente lo consideran ciencia, o el punto de vista científico de la realidad, o la cosmovisión científica. No se les enseña al respecto o se les da la oportunidad de debatirlo. Lo absorben por una suerte de osmosis intelectual.

¿Cuál es la relación entre los numerosos éxitos de la ciencia y lo que considera la situación actual de promesas infladas e insatisfechas?

El materialismo proporcionaba en el siglo XIX una cosmovisión simple y directa, pero la ciencia del siglo XXI lo ha dejado muy atrás. Sus promesas no se han visto satisfechas y sus notas alentadoras han sido devaluadas por la hiperinflación.

La «cosmovisión científica» es muy influyente a causa del éxito que han tenido las ciencias. Nadie puede dejar de sorprenderse por los logros, que alcanzan nuestras vidas mediante las tecnologías y la moderna medicina. Nuestro mundo intelectual se ha visto transformado mediante la inmensa expansión de nuestro conocimiento, desde las partículas más microscópicas de la materia a la inmensidad del espacio, con cientos de billones de galaxias en un universo siempre en expansión. Pero aunque la ciencia y la tecnología parecen estar en la cima de sus poder, cuando su influencia se ha esparcido por todo el globo y cuando su triunfo parece indiscutible, unos problemas inesperados están corroyendo la ciencia desde dentro. La mayoría de los científicos dan por hecho que dichos problemas finalmente se resolverán con más investigaciones siguiendo las mismas premisas, pero algunos, entre los que me incluyo, creemos que se trata de síntomas de una enfermedad más profunda.

La proposición fundamental materialista de que la materia es la única realidad conduce al tratamiento de la consciencia como solo actividad cerebral. O es como una sombra, un epifenómeno que no hace nada, o es solo otra manera de hablar de la actividad cerebral. Sin embargo entre los investigadores modernos de los estudios de la consciencia y las neurociencias no existe un consenso sobre la naturaleza de la mente. El filósofo David Chalmers ha denominado a la existencia de la experiencia subjetiva el «problema difícil». Es difícil porque desafía la explicación en términos de mecanismo. Incluso si entendemos como los ojos y el cerebro responden a la luz roja, la experiencia de rojez no se puede describir.

Existe un reconocimiento general de que sabemos poco sobre la consciencia en términos científicos. Pero el materialismo promete que finalmente la entenderemos mediante un mayor conocimiento de la función cerebral y de la neurociencia. De ahí el enorme prestigio que tienen actualmente las neurociencias. Ciertamente el cerebro y sus actividades son muy complejos y hay mucho por conocer. Pueden descubrirse muchas cosas sobre la relación entre la mente y el cerebro mediante los escáneres cerebrales y la fisiología cerebral. Por ejemplo, la actividad en diferentes regiones del cerebro durante la meditación, o los sueños o la comprensión verbal, pueden cartografiarse y describirse científicamente. Pero ello no explica el significado último o la importancia de dichas experiencias.

En una ocasión estaba debatiendo con un neurocientífico que decía: «Ahora que hemos descubierto que partes del cerebro se activan con la meditación, ello nos demuestra que estos estados de consciencia solo son productos de la fisiología de partes concretas del cerebro.» Estábamos en el exterior, frente a un bello árbol. Por lo que le dije: «Estoy seguro que mientras observamos este árbol existen patrones característicos de actividad que se producen en nuestro cerebro, que pueden ser escaneados, cartografiados y descritos científicamente. Pero ello no prueba que el árbol este solo dentro de nuestras cabezas y no se corresponda con nada más allá. De modo semejante, la actividad cerebral durante las experiencias meditativas no prueba que la consciencia experimentada en dichos estados esté totalmente confinada dentro de nuestra cabeza y no tenga relación con nada exterior a ella.» Admitió que tal vez este fuera el caso.

Ha afirmado que es imposible ser un materialista consistente ¿Cómo es eso?

El materialismo nos aleja de nuestras experiencias, del resto del mundo natural y a unos de otros, puesto que proclama que nuestras mentes son solo la actividad cerebral aislada en la privacidad de nuestros cráneos. Pero nuestro conocimiento científico es inexplicable desde este punto de vista. Si nuestros cerebros simplemente nos hacen pensar lo que pensamos y carecemos de libertad, como proclaman los materialistas, entonces el mismo materialismo es una consecuencia necesaria de la actividad de los cerebros de los materialistas. Sus cerebros les hacen que lo crean. Pero les gustaría pensar que sus creencias se basan en la ciencia –razón y evidencia– lo que requeriría que sus mentes tuvieran libertad e independencia de una causa física que la misma teoría niega. En la práctica, la mayoría de los materialistas adoptan sus creencias en las horas laborales cuando se les desafía, pero cuando regresan a casa por la tarde vuelven a ser personas normales, suponiendo que tienen una libertad de elección verdadera y sentimientos y pensamientos que no son unos meros subproductos del cerebro.

Yo mismo he absorbido una cosmovisión materialista junto a mi educación científica, y me llevó mucho tiempo ver lo limitada que era. De hecho me alienaba de mi propia experiencia, que debía considerar como puramente subjetiva y por lo tanto no científica, excepto que pudiera explicarse en términos del cerebro y las hormonas. Paso a paso, empecé a ver que una visión más holística de la naturaleza es tanto una mejor base para las ciencias como para la integración de la propia experiencia con el conocimiento científico.

¿Qué es el reduccionismo y que papel tiene en la ciencia materialista?

El reduccionismo es un intento de reducir los fenómenos a pequeñas partes e interacciones menos complejas. Por lo tanto la sociedad humana se reduce a la psicología individual, la psicología individual a función cerebral, la función cerebral a los impulsos nerviosos y la química de los enlaces nerviosos; las células nerviosas a la biología molecular, las moléculas a átomos y finalmente los átomos a las partículas subatómicas. El problema es que a cada nivel de reducción la totalidad, que es más que la suma de las partes, se destruye. Es como tratar de entender el funcionamiento de un ordenador a partir de la química de sus componentes. Esto nos dará datos sobre el silicio, el cobre y otros elementos implicados en su estructura, pero destruirá la arquitectura de los circuitos de los que depende su funcionamiento. O como si la fisiología del ordenador se estudiara midiendo los impulsos eléctricos que circulan por diferentes partes del hardware, lo que nos ofrecerá una descripción real de alguno de sus aspectos eléctricos y de las corrientes que le atraviesan, pero no nos revelará nada sobre los programas que dirigen su actividad o los propósitos a los que sirven los programas. El reduccionismo inevitablemente pierde prácticamente todo lo que tiene interés sobre los sistemas que nos preocupan en la vida cotidiana e ignora por completo la mayor parte de la actividad de nuestras mentes. Una ciencia más holística admite la emergencia de nuevas propiedades en diferentes niveles de organización y considera el universo conformado de una jerarquía anidada, o holarquía, de todos: orgánulos dentro de las células, dentro de tejidos, dentro de organismos, dentro de sociedades, dentro de ecosistemas, dentro de Gaia, dentro del sistema solar, dentro de la galaxia, etc. Todo ello desafía la reducción a las propiedades de sus partes. El sentido humano, los valores y los propósitos solo pueden entenderse en el contexto de las sociedades humanas, tradiciones, filosofías, religiones y experiencias.

¿Dejando a un lado el reduccionismo, que hay de particular en el conocimiento científico?

Todos los métodos científicos tienen en común el ideal de objetividad, o por lo menos el potencial acuerdo entre distintos observadores. Un tabú frente a la subjetividad ha significado que algunos de los estados de consciencia más interesantes, tal como los revelados por la meditación, por ejemplo, han sido ignorados por los científicos hasta fechas recientes. Todo el mundo está de acuerdo en que los estados cerebrales de los meditadores pueden investigarse científicamente e incluso que los informes de su experiencia pueden clasificarse y compararse, pero la interpretación de esta experiencia está más allá de la ciencia materialista. El materialismo ve toda experiencia de la consciencia como epifenomenal al proceso físico, o simplemente otro modo de hablar de ello. Pero un tipo de ciencia no-materialista no necesita hacer este supuesto. Debería incluir los efectos de la oración y la meditación sobre la salud y la longevidad, así como para contrarrestar la depresión. Ya existen evidencias claras de sus efectos benéficos. Una ciencia no-materialista tiene también algo que decir sobre el efecto de los rituales, que mediante la repetición de un mantra, gestos y actos rituales, cantos y otras prácticas tradicionales pueden llevar a los participantes en el ritual a una resonancia con los que lo han hecho antes. Creo que solo hemos empezado a explorar los posibles interfaces entre las ciencias y las tradiciones religiosas.

¿Cuándo una práctica espiritual está divorciada de su contexto religioso y es colocada en uno científico, la práctica estudiada o el modo en que se experimenta se alteran?

Cualquier clase de ciencia implica sacar las cosas de contexto. Esto es verdadero en el caso de las investigaciones del comportamiento animal, el crecimiento de plantas en entornos controlados, las bacterias en tubos de ensayo, etc. Cada uno de estos procedimientos altera lo que se está estudiando. Lo mismo reza para la investigación de las prácticas yóguicas o contemplativas. Pero como dichas prácticas constituyen habilidades adquiridas, debe ser posible estudiarlas incluso bajo condiciones artificiales. Si la generación de calor en un practicante de tumo es puramente un efecto fisiológico bajo control voluntario, no tiene que suceder necesariamente en los Himalayas, también puede suceder en una nevera, aunque el ambiente no sea muy adecuado para el practicante. Por lo tanto no veo el problema de investigar estas capacidades como específicas de la práctica espiritual; es uno de los problemas con cualquier experimento científico. A pesar de abstraerse de contextos normales, muchos experimentos funcionan y dan resultados esclarecedores. Creo que lo mismo puede suceder en este caso.

La ciencia comparte muchos de los problemas que tiene la religión, como la fe ciega, la hipocresía y la intolerancia. Aunque la ciencia intenta distanciarse en gran medida de la religión, ambas parece sufrir los mismos problemas.

La diferencia entre las personas con creencias científicas y las que tienen creencias religiosas, es que la mayoría de los creyentes religiosos son conscientes de que su posición se basa en la fe y que los creyentes de otras religiones, o incluso diferentes sectas de la misma religión, poseen distintas creencias. Las personas que ponen su fe en el materialismo científico a menudo no son conscientes de que sus creencias sean creencias. Suelen pensar que son la verdad. Uno de los modos habituales en que se expresa esta actitud es en frases como: «La gente solía creer X, pero ahora sabemos…»

El fundamentalismo científico refleja el fundamentalismo religioso de muchos modos muy lamentables. Pero la ciencia no necesita ser fundamentalista, como tampoco lo necesita la religión. El fundamentalismo nace de un deseo de certeza, pero la mayoría de la gente religiosa y la mayoría de los científicos saben que está no pueden conseguirla seres con mentes y experiencias limitadas como nosotros.

Alex Caring-LobelTricycle

Fuente: Trycicle