Una mente de menta fresca

Ahora si que estas convencido. Has leído la página de Wikipedia sobre budismo, has visto vídeos de maestros famosos en YouTube, has ido a la librería Nueva Era local y te has comprado un par de revistas budistas, y ahora estás listo para probar un poco de meditación por ti mismo. Has visitado la sangha local y te has sentado con el grupo y escuchado con atención mientras el maestro te decía que el secreto de la práctica es meditar todos los días. Así que te armaste de valor y fuiste a la tienda de regalos y te compraste un cojín de meditación genuino. Lo has puesto en la esquina de tu dormitorio, donde te espera cada mañana, solo, triste y abandonado.

El problema es que parece que simplemente no puedes encontrar la motivación. Tu voluntad es fuerte. Tu creencia está allí. Pero ¡caray! parece que nunca puedes organizarte para meditar. Cada vez que encuentras un momento para meditar, parece que haces otra cosa en su lugar.

Te entiendo. Yo también tenía el mismo problema. Así que me gustaría compartir contigo mis cinco consejos infalibles para conseguir ponerte en el zafú todos los días.

1) No hay consejos infalibles para conseguir sentarse en el zafú todos los días. Eso era solo un gancho para que leyeras el resto de esto. Si hay una lección que corre a través de casi todas las tradiciones budistas es esta: no hay soluciones mágicas. Nuestra creencia en soluciones mágicas que pueden tener lugar algún día en el futuro nos impide hacer lo que realmente tenemos que hacer aquí y ahora. Así que olvídate de trucos a tiro fijo para conseguir sentarte en el cojín cada día. Ese es mi truco a tiro fijo.

2) La motivación está sobrevalorada. Si bien es bueno estar motivado, la gente que realmente consigue hacer las cosas son los que encuentran una manera de trabajar en lo que sea que les interesa, incluso cuando no tienen ganas de hacerlo. Esto vale para los músicos, atletas, chefs de renombre y todo el resto. Y vale el doble para los meditadores.

Yo medito todas las mañanas y todas las tardes y, a decir verdad, hay un montón de veces en que lo odio. La meditación no es siempre felicidad y paz. A veces parece como cinco coches apilados en medio de la Tercera Guerra Mundial durante una invasión alienígena y un partido de fútbol de mocosos que se han desmadrado. Mi cabeza vibra de energía nerviosa y parece que mi cuerpo no puede encontrar nada remotamente cercano a la comodidad. Pero yo medito de todos modos. La disciplina es ser capaz de hacer las cosas cuando no quieres hacerlas.

3) No te preocupes por los resultados. Puede que hayas oído que el secreto de la meditación es no tener ideas de ganancia, ¡pero tienes todo tipo de ideas de ganancia! Quieres paz mental, quieres reducir el estrés, quieres la iluminación. Parece que nunca puedas deshacerte de esos deseos. ¿Deberías simplemente darte por vencido?

No. Todo el mundo tiene ideas de ganancia. Todo el mundo. Incluido el propio Buda. No es que necesites hacer estas cosas desaparecer. Sólo tienes que dejar de preocuparse por ellas. Lo que puede que obtengas de tu práctica no será nada parecido a lo que tú te imaginas que será. Así que simplemente deja esas ideas como están. Pasarán de motu proprio si se les deja. Y si no lo hacen, tampoco importa. Siéntate con tus ideas de ganancia.

4) Medita antes del desayuno. Esta es la única cosa que se asemeja a una técnica que realmente tengo para ofrecer. Descubrí este truco hace mucho tiempo y parece que funciona. No estoy autorizado a tomar el desayuno hasta que termino mi sesión de la mañana. Soy muy estricto conmigo mismo en esto. No hay Fruity Pebbles para Brad hasta que ha acabado con la meditación, y eso es definitivo.

Tal vez el desayuno no funcione para ti de la forma en que funciona para mí. Pero hay algo en tu vida que te gusta hacer todos los días. Así que, vincúlalo a tu práctica. No hagas esa cosa hasta que termines la meditación.

5) Levántate media hora antes. Estás ocupado. Lo sé. Yo también. También lo están todos. Pero cuando decidí comprometerme con una práctica diaria, miré con honestidad a lo que hacia cada día, y vi un montón de tiempo perdido. Hacía todo tipo de cosas en el nombre del «ocio» o «relajación» que no eran realmente tan relajantes. Me iba de compras. Miraba programas estúpidos de televisión. Holgazaneaba en una miríada de formas. Así que revisé mi agenda y empecé a irme a la cama un poco antes y despertarme un poco antes para poder meditar. Tal vez lo mismo puede funcionar para ti. Esa última cosa que necesitas buscar en internet puede esperar.

Estos días, la meditación es para mi como cepillarme los dientes. ¿Recuerdas como era cuando eras joven? Tus padres tenían que obligarte a lavarte los dientes. Pero ahora lo haces cada mañana y cada noche sin que te lo pidan ¿Por qué? Lo haces porque sabes que te sientes mucho mejor después de haber terminado. Lo haces porque nunca conseguirías una cita si no lo hicieras. Lo haces porque te daría vergüenza hablar con tus compañeros de trabajo con mal aliento y cosas pegadas a los dientes. Así que lo haces por ti mismo y lo haces por los demás.

Haz la meditación por las mismas razones. Hazlo porque sabes lo mejor que son tus interacciones con los demás en los días en que haces tu meditación en comparación a los días cuando encuentras alguna excusa para saltártela. ¡Hazlo porque hace que tu mente parezca de menta fresca! Entonces no necesitarás ningún consejo infalible.

Brad Warner es monje zen, escritor, bajista y director de cine. Es autor de cuatro libros.

Fuente: Tricycle