Viaje a Isla Tortuga II

El cerebro expansivo: Neurociencias, mística y enteógenos

En la actualidad, de forma sorprendente, los tres ámbitos citados, que antiguamente llevaban vidas separadas, cuando no encontradas, están empezando a imbricarse de forma estrecha y vaticinamos que pronto será normal un espacio en el que convivan científicos, místicos y psiconautas.

Hasta hace relativamente poco tiempo las teorías de Freud seguían reinando en la cultura occidental. Si bien es cierto que Freud inició su carrera como neurocientífico, realizó interesantes trabajos sobre la afasia y consideró un ambicioso proyecto de psicología para neurólogos (sin  olvidar sus famosos textos sobre la cocaína), pronto se dio cuenta de que el estado en que estaban las neurociencias en su época no permitía investigar a fondo la mente humana y, como es bien sabido, creó la disciplina del psicoanálisis, que no solo fue durante un tiempo una de las pocas formas de terapia psicológica, sino que sus conceptos impregnaron la cultura occidental hasta épocas muy recientes. Pero no olvidemos que científicos contemporáneos de Freud, como nuestro compatriota Santiago Ramón y Cajal, siguieron en la brecha desvelando los misterios del cerebro. Gracias a estos últimos fue como las neurociencias alcanzaron el desarrollo que hoy conocemos. A estas investigaciones debemos añadir el revolucionario descubrimiento de la imaginería cerebral: técnicas relativamente no invasivas que nos han proporcionado la posibilidad de estudiar las funciones del cerebro en movimiento. Estas prodigiosas tecnologías, que nos permiten atisbar en la caja negra del cerebro, junto a los avances de la psicología cognitiva, hacen que gocemos hoy de un conocimiento bastante preciso de las funciones cerebrales.

Al reinado de Freud, le sucedió brevemente el conductismo que llevó los experimentos de Pavlov sobre el condicionamiento animal al universo del comportamiento humano. Por suerte, el conductismo quedó pronto relegado a un pequeño núcleo de psicólogos, aunque nos ha seguido acompañando en el mundo publicitario (no olvidemos que uno de los padres del conductismo moderno, J. B. Watson, abandonó la ciencia por una lucrativa carrera en el mundo de la publicidad).

Fue, por lo tanto, la unión de la psicología cognitiva con las nuevas técnicas de imaginería cerebral lo que dio pie a las neurociencias tal como las conocemos hoy en día.

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Libro recomendado para seguir con el tema: Mundo interior, mundo exterior de Albert Hofmann.

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