Viaje a Isla Tortuga III

Tercer artículo de Fernando Pardo publicado por la Revista Cañamo: «Reflejos del alma. El revolucionario descubrimiento de las neuronas espejo»

Hace aproximadamente veinte años el neurofisiólogo Vittorio Gallese caminaba por el laboratorio. Un mono estaba sentado en su silla esperando que le asignaran una nueva tarea. De repente, cuando Vittorio fue a alcanzar algo, oyó cierta actividad en el ordenador conectado a los electrodos que se habían implantado quirúrgicamente en el cerebro del mono. Para un oído inexperto ello hubiera pasado desapercibido, o habría sido considerado un efecto estático, pero para un sofisticado neurocientífico señalaba una descarga de una célula concreta del área F5. A Vittorio le pareció algo muy sorprendente. El mono estaba tranquilamente sentado sin intención de coger nada pero, sin embargo, esta neurona asociada con el acto de agarrar se había disparado… 

Este es más o menos el relato de la primera observación de una neurona espejo. En otros informes se dice que fue un colega de Vittorio el que estaba cogiendo un cacahuete y otros hablan de un helado…

Lo importante es que ningún neurocientífico del mundo se hubiera imaginado que células motoras pudieran dispararse simplemente por la percepción de los actos de otra persona, sin que se produjera ningún acto motor. Según los conocimientos de la época, esto no tenía ningún sentido.

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El cerebro expansivo: Neurociencias, mística y enteógenos (II)